martes, 8 de mayo de 2012

Video que promueve la oración

Este video es una invitación a orar por quienes más lo necesitan.
Al hacer una cadena de oración, tú puedes pedir por alguien más en el mundo (aunque no lo conozcas) y a su vez, otra persona orará por ti.
¡Unámonos!

lunes, 7 de mayo de 2012

Cardenal Rivera recuerda que cada creyente está llamado a dar frutos


Al mediodía del pasado 6 de mayo, el Cardenal Norberto Rivera retomó el Evangelio de San Juan en el que habla de la vid, para explicar a los fieles reunidos en la celebración eucarística, que cuando Jesús asegura que Él es la vid y su Padre el viñador, está indicando que “la existencia e identidad del Pueblo de Dios, la vida divina y la fuerza de sus seguidores para dar fruto verdadero en esta vida, no depende de una institución, de un título, de una tradición o de unas prácticas, sino de la participación de la vida de Jesús, de permanecer en Él, de estar adherido a Él como la rama al tronco, como el sarmiento a la vid”.
 
En su homilía del quinto domingo de Pascua, el Arzobispo Primado de México explicó que además de permanecer fiel a Cristo, “Debe circular por nosotros la savia de Jesús, el Espíritu de Jesús.  Él es la vid y nosotros los sarmientos.  La unión es íntima, vital, dinámica, permanente, total.  Vid y sarmientos no son dos cosas distintas, forman un todo vital.  Sólo que la savia no brota de los sarmientos, sino que la reciben de la vid.  Los sarmientos no son nada si se separan de la vid”.

El Cardenal también recordó la aseveración de Jesús respecto a aquellos sarmientos que no den fruto, los cuales serán arrojados al fuego por estar secos. Así exhortó a los fieles a reconocer que algún día llegará el momento en el que Dios como labrador y viñador, realice la poda. “La poda es algo muy frecuente en el campo, incluso en nuestra ciudad.  Los amantes de los árboles y de las plantas las podan en tiempos señalados, para obtener así ejemplares más bellos, más fuertes, más sanos, más fecundos en frutos y en flor. Pero con ser una operación tan común y corriente, necesaria y positiva, resulta dolorosa y da la impresión que la muerte llegó”.

Por otra parte el Prelado expresó que esta actividad “Controla, encausa y orienta”, impidiendo la dispersión, al tiempo en que nos permite crecer, porque “Nos corta las alas de la soberbia y de la comodidad.  Nos podan los amigos, el grupo, la comunidad, a través de la ayuda, la crítica y la exigencia.  Nos podan cuando ponen en crisis nuestro estilo de vida y escala de valores, cuando nos hacen afrontar las incoherencias y zonas oscuras de nuestro ser.  Algunos se podan a sí mismos para dar más fruto.  Saben decir no a ciertas cosas.  Saben renunciar a bienes positivos y objetivos dignos para conseguir bienes mayores y tesoros escondidos.  Pero, la mayoría de las podas vienen sin buscarlas.  Las trae la vida cuando menos lo esperamos. Las podas siempre son duras y dolorosas pero son las que hacen a las personas fuertes y fecundas”.

Al finalizar su mensaje, el Cardenal Norberto Rivera comentó que un buen ejemplo de esta podadura, lo tenemos en la figura de San Pablo, quien fue rechazado y marginado, pues los primeros cristianos no creían en su conversión. “Toda la comunidad y cada uno de los bautizados estamos llamados a dar fruto”, concluyó para también solicitar que “La unión con Jesús y el Espíritu que Él infunde llevan necesariamente a la actividad, a proclamar las maravillas de Dios, a transmitir la Buena Nueva que hemos recibido”.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cardenal Rivera Carrera recuerda que Cristo llama a consagrados a colaborar con Él en el pastoreo de sus ovejas


En la misa del pasado 29 de abril, celebrada en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el Cardenal Norberto Rivera recordó en su homilía del IV Domingo de Pascua la figura de Jesucristo el Buen Pastor, que en el Evangelio de San Juan manifiesta la conciencia que el Hijo de Dios tenía “de su ser y su misión”, pues vino a dar su vida para conducirnos al Padre.

“Él es el Buen Pastor, porque da la vida por sus ovejas;  la dio en la cruz y la sigue dando en la Eucaristía hasta tal punto que cada uno de nosotros puede decir con San Pablo, “Cristo me amó y se entregó por mí”.  Él es el Buen Pastor, porque conoce a sus ovejas; la relación que establece con nosotros no es impersonal, nos llama por nuestro nombre”, indicó el Cardenal, para luego destacar que como característica de Buen Pastor, Jesús “se preocupa por las ovejas que no son de su rebaño;  para Él todos los hombres y mujeres son sus ovejas, estén o no en su rebaño”.

El Arzobispo Primado de México aseguró que “Jesús es nuestro guía, nuestro líder, nuestro Buen Pastor” porque “no se contentó con pronunciar bonitos discursos, con proclamar una bella doctrina”, sino que dirige “con su ejemplo de entrega, hasta morir, fiel a su máxima” de servir antes que ser servido. Con ello argumentó que el “verdadero liderazgo cristiano consiste en ponerse al servicio de los demás, viviendo y desviviéndose y dando la vida”.

Por otra parte, el Cardenal Rivera Carrera subrayó cómo los mártires mexicanos dieron su vida, y tras mencionar que en la película “La Cristiada” se muestra cómo hay quienes cada día y gota a gota se desgastan para que otros tengan vida, señaló que “El conocimiento de Cristo no es teórico, sino cordial, existencial”. “Ojalá que los que decimos pertenecer a su rebaño lo conozcamos y lo amemos cada vez más y mejor, escuchando sus palabras que están en los Evangelios, conversando con Él en la intimidad de la oración frecuente, aceptando su amor misericordioso convertido en perdón al confesar nuestros pecados, recibiéndolo continuamente en el banquete eucarístico, reconociendo su rostro en los más pobres y abandonados”, exhortó.

Para finalizar su mensaje, el Arzobispo indicó que “Cristo Jesús necesita quien le ayude a cumplir este pastoreo y esta preocupación por las ovejas que no están en su rebaño”, por lo que, en su deseo de llegar a los más alejados y ser luz para quienes viven en tinieblas, requiere de la mediación humana. “El pastoreo de Cristo se realiza sacramentalmente por todos aquellos que habiendo escuchado la voz del Maestro consagran su vida en el servicio sacerdotal, hoy celebramos la Jornada Mundial de las Vocaciones a la Vida Sacerdotal”, pues “Aceptar la vocación sacerdotal es aceptar el llamado para hacer presente al Buen Pastor.  Es aceptar dar la vida para que los demás la tengan en abundancia y no esperar ser servidos sino servir a todos y no sólo a los que están en el rebaño. Es proclamar la Buena Nueva a sabiendas que la palabra pronunciada nos llama a la conversión.  Es ofrecer el sacrificio de Cristo sabiendo que nos pide ofrecer la propia vida.  Es mostrar el amor de Dios no dando algo solamente sino dándose a sí mismo”, concluyó.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Templo Expiatorio recibirá reliquia de nueva beata

El pasado domingo 22 de abril, durante la misa de acción de gracias por la beatificación de la religiosa María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, celebrada en la Catedral de Cuernavaca, la Madre Julia Meijueiro Morosini, Superiora General de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, entregó a cada una de las Superioras Regionales de su congregación (la cual se encuentra en 14 país de América, Europa, Asia y África) una reliquia de primer grado de su fundadora.

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz, Capellán del Templo Expiatorio a Cristo Rey, Antigua Basílica de Guadalupe y miembro del Grupo Sacerdotal Madre Inés, recibió también una reliquia, la cual será recibida y venerada en éste recinto el próximo domingo 6 de mayo a las 12:00hrs.

Mons. Pedro te invita a la recepción y veneración de la reliquia de la beata María Inés en el Templo Expiatorio  el domingo 6 de mayo a las 12:00hrs.



martes, 1 de mayo de 2012

Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento

Esta semana Mons. Pedro Agustín reflexiona en "Contigo en la fe" sobre la nueva beata mexicana, la cuarta mujer religiosa que ha sido elevada a los altares.

Ceremonia de beatificación de la Misionera Mexicana sin Fronteras

El pasado 21 de abril, en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe se llevó a cabo la beatificación de la religiosa mexicana, Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. 
En este video te compartimos cuando la Hna. Silvia Burnes y Mons. Alfonso Cortés solicitan que sea nombrada beata la fundadora de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, y el momento en que el Cardenal Ángelo Amato, a nombre del Vicario de Cristo, nos regala a una nueva beata.

¡Felicidades a todos los pequeñines!

En su cápsula "Contigo en la fe", Mons. Pedro Agustín ha querido reflexionar sobre la niñez, con motivo del día dedicado a ellos.
Contigo en la fe (Tema 17): El día del niño

jueves, 26 de abril de 2012

¡Madre María Inés ha sido beatificada!


Catorce países reunidos para celebrar beatificación de Madre Ma. Inés

·         A casi 31 años de su fallecimiento, religiosa fue beatificada en su país natal.

La mañana del pasado 21 de abril, en la I. N. Basílica de Guadalupe, miles de fieles provenientes de Japón, Estados Unidos, Costa Rica, Indonesia, Sierra Leona, Italia, España, Irlanda, Nigeria, Corea, India, Rusia, Argentina y de diferentes estados de nuestro país, se reunieron para celebrar la beatificación de la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, misionera mexicana fundadora de la Congregación de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento y los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal.

A las once de la mañana, tras un breve momento preparatorio, se dio inicio a la eucaristía, la cual fue presidida por el Cardenal Ángelo Amato, Prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos, en la que concelebraron varios obispos de México y el extranjero, destacando los obispos de África, Japón, Indonesia y Estados Unidos.

La Hermana Silvia Burnes, Postuladora de la Causa de Beatificación de la Madre María Inés y Mons. Alfonso Cortés, Obispo de Cuernavaca, solicitaron al Cardenal Amato que inscribiera a la religiosa nacida en Ixtlán del Río en el número de beatos y luego de leer la vida de esta mujer misionera que en el 2009 fue nombrada venerable, a nombre del Papa Benedicto XVI, el Cardenal Ángelo Amato elevó a los altares a la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, cuya memoria litúrgica será el 22 de junio.

Durante su homilía el Cardenal Ángelo Amato manifestó que “Es especialmente emocionante para mí celebrar la Eucaristía en este lugar bendito, donde, en el lejano 1531, la Santa Virgen de Guadalupe ha dejado sus huellas de paraíso”. Seguidamente recordó que “La misión especial de María ha sido la de conducir a los bautizados a Cristo Rey, haciendo florecer mártires y santos, que han sido testigos heroicos del Evangelio de la vida, de la verdad, de la justicia y de la paz. La Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento es uno de estos testigos heroicos” al haberse entregado completamente “al servicio del reino de Cristo”. “Fue la dulce Morenita la que transformó una monja de clausura en apóstola (sic.) y misionera del Evangelio. Fue el amor mariano guadalupano el que infundió en su corazón el ansia de llevar a toda la humanidad a Cristo Eucaristía y su Corazón misericordioso”.

Más tarde explicó que “la beatificación de hoy es otro don que el Santo Padre Benedicto XVI, hace a la Iglesia y a todo el pueblo mexicano”, la cual es también “un reconocimiento de la Iglesia a una mujer, que ha encarnado ejemplarmente las mejores cualidades humanas y espirituales de su pueblo, dignificándolo con la heroicidad de sus virtudes y difundiendo el perfume de la santidad, hecha de fe profunda, de esperanza firme, de caridad inmensa”.

Por último, destacó que la nueva beata fue “una misionera infatigable” que durante su vida recorrió el mundo en sus 44 viajes, en los que realizó más de 90 visitas a varios países, para acompañar a sus hijas espirituales que “marchaban a tierras lejanas y desconocidas. Con una fuerza extraordinaria ella misma hacía fatigosos viajes en tren, barco y avión para poder socorrer a las propias hermanas misioneras”.



sábado, 21 de abril de 2012

Homilía de la beatificación de Madre Ma. Inés Teresa del Santísimo Sacramento


Beatificación de la Madre María Inés Teresa del Ssmo. Sacramento

Homilía[1]

Angelo Card. Amato, SDB

Eminencia, Señor Nuncio, Excelencias, Autoridades religiosas, civiles y militares,
queridas Hermanas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento,
queridos fieles,


1. Es especialmente emocionante para mí celebrar la Eucaristía en este lugar bendito, donde, en el lejano 1531, la Santa Virgen de Guadalupe ha dejado sus huellas de paraíso, hablando a Juan Diego y haciendo florecer milagrosamente las rosas de invierno. La aparición de María en la sacra colina del Tepeyac fue para México y para la América Latina un signo prodigioso de protección maternal. Y desde aquel momento Nuestra Señora de Guadalupe no ha cesado de conceder a sus hijos gracias y favores para consolarles y animarles en el camino fatigoso de la vida.
La misión especial de María ha sido la de conducir a los bautizados a Cristo Rey, haciendo florecer mártires y santos, que han sido testigos heroicos del Evangelio de la vida, de la verdad, de la justicia y de la paz. La Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento es uno de estos testigos heroicos, que ha puesto todas sus energías de la naturaleza y de la gracia al servicio del reino de Cristo, según el lema: «Es urgente que Cristo reine».
La gran imagen de la beatificación muestra con gran sensibilidad artística a Nuestra Señora de Guadalupe que, sonriendo, llena de rosas las manos de la Madre María Inés, significando las muchas gracias espirituales concedidas a ella para la santificación propia y para la valiente empresa de la fundación de dos congregaciones religiosas misioneras. De hecho, fue la dulce Morenita la que transformó una monja de clausura en apóstola y misionera del Evangelio. Fue el amor mariano guadalupano el que infundió en su corazón el ansia de llevar a toda la humanidad a Cristo Eucaristía y su Corazón misericordioso.

2. La beatificación de hoy es otro don que el Santo Padre Benedicto XVI, (dieciséis), hace a la Iglesia y a todo el pueblo mexicano. Hace un mes el Papa llegó a esta noble tierra y se sintió feliz de estar entre ustedes. Con esta visita deseaba estrechar la mano a todos los mexicanos, de dentro y de fuera de vuestra tierra, para apoyarles y agradecerles su fidelidad a la fe católica y su amor a Cristo Rey y a la Iglesia.
El Papa ama vuestra noble patria. A ella ha venido como peregrino para alentarles a ser firmes en la esperanza. Los mexicanos son un pueblo fuerte, un «pueblo que tiene valores y principios, que cree en la familia, en la libertad, en la justicia, en la democracia y en el amor a los demás».[2] Ustedes son un pueblo joven, acogedor, creativo, religioso, con una gran historia de civilización. Ustedes merecen superar todas las dificultades para vivir serenamente en la solidaridad y en la concordia. La visita del Santo Padre ha sido una inyección de ánimo para un futuro de paz, de concordia y de bienestar.
Parecen dirigidas a vuestra Iglesia y a vuestra nación las palabras con las cuales, en la liturgia de la palabra de hoy, el profeta Isaías glorifica a Jerusalén: «Levántate, llénate de luz, porque viene tu luz, la gloria del Señor» (Is 60, 1-2).
            La fe en Dios, la esperanza en su providencia eficaz, la caridad ardiente son los rayos de aquel sol deslumbrante que es el amor inmenso de Dios, que orienta las mentes y calienta los corazones para cumplir el bien y no el mal, para caminar por la vía de la concordia y no de la división.

            3. La beatificación de la madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento es también un reconocimiento de la Iglesia a una mujer, que ha encarnado ejemplarmente las mejores cualidades humanas y espirituales de su pueblo, dignificándolo con la heroicidad de sus virtudes y difundiendo el perfume de la santidad, hecha de fe profunda, de esperanza firme, de caridad inmensa.

            ¿Quién era la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento (1904 – 1981)? Manuela de Jesús Arias Espinosa, que después en la vida religiosa tomó el nombre de María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fue una joven valiente. Para poder realizar su sueño de vida consagrada, debió alejarse de México y emigrar a los Estados Unidos. En aquella época, de hecho, se tenía el temor continuo de la persecución contra la Iglesia. En el país las religiosas vivían en condiciones precarias y no aceptaban aspirantes a la vida consagrada. Así, en 1929, Manuelita fue a Los Ángeles, California, y entró en las Clarisas Sacramentarias del monasterio del Ave María, como monja de clausura.
            Se distinguió enseguida por su carácter abierto, sencillo y sereno. Era generosa en el trabajo, ferviente en la oración, humilde, sacrificada y siempre dispuesta a la ayuda. A propósito de su humildad, los testigos del proceso cuentan un episodio, que sucedió cuando las Clarisas habían regresado a México. Sor María Inés, como sacristana, había adornado el altar de un modo que no gustó a la abadesa, la cual le castigó severamente, obligándole a comer tres días en el suelo. La Beata aceptó la corrección con serenidad y después abrazó a la abadesa y le pidió perdón.[3] Esta actitud de humildad y de resignación le acompañó en toda su vida. En todo caso la abadesa reconoció la actitud edificante de su joven hermana, vislumbrando en ella madera de santa.
            Más tarde, el carácter abierto y dinámico, propio de la vida activa, impulsó a nuestra Beata a desear un apostolado, que pudiera desempeñarse también fuera del monasterio, en una auténtica misión evangelizadora, para difundir el mensaje de Cristo en tierras lejanas. Este sueño se realizó en 1945 en Cuernavaca, con seis religiosas provenientes del Ave María. Estas Misioneras clarisas del Smo. Sacramento unían la vida contemplativa con la activa, bajo la protección de la Santísima Virgen de Guadalupe. La nueva congregación floreció rápidamente con nuevas vocaciones y fundaciones, no sólo en varias ciudades de México, sino también en Japón, California, Texas, Costa Rica, Sierra Leona, Indonesia, además de en España, Irlanda, Corea, Nigeria, Italia. Con un celo grandísimo la Madre María Inés, como madre general, dirigía sus obras y sus hijas primero desde México y después desde Roma, donde murió en olor de santidad en 1981 (mil novecientos ochenta y uno).

4. El carisma vivido por Madre Inés y transmitido a sus discípulas es el ansia misionera, realizada con la catequesis, con el testimonio y sobre todo con una auténtica missio ad gentes. La Madre Inés fue una misionera infatigable. En su vida emprendió 44 (cuarentay cuatro) viajes, 19 (diecinueve) intercontinentales y 25 (veinticinco) internacionales, que comprendían 92 (noventaydos) visitas a varios países. Acompañaba personalmente a las hermanas que marchaban a tierras lejanas y desconocidas. Con una fuerza extraordinaria ella misma hacía fatigosos viajes en tren, barco y avión para poder socorrer a las propias hermanas misioneras.
De esta vocación nacieron, además de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal. A estas dos congregaciones se une el movimiento Van-Clar, formado por laicos que tienen como fin vivir el santo Evangelio mediante la práctica de las promesas bautismales en el propio ambiente familiar, profesional, social y eclesial según el lema: «Vivir por Cristo».
Nadie duda de la gran actualidad de este carisma misionero. Hoy, en América Latina y en toda la Iglesia, es urgente la evangelización, no solo como primer anuncio a los que no conocen el Evangelio, sino también como nueva propuesta de la palabra de Dios a los que la han olvidado y descuidado y que llevan una existencia lejana de la verdad de la palabra de Jesús y de los sacramentos salvíficos de la Iglesia.
En la liturgia de la palabra de hoy San Pablo afirma: «Si proclamas con tus labios que “Jesús es el Señor”, y crees en tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás» (Rm 10, 10). Pero después el apóstol se pregunta: «¿Cómo creerán en uno del que no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar sin nadie que lo anuncie? ¿Y cómo lo anunciarán si no han sido enviados? Como está escrito: ¡Qué bellos son los pies de los que llevan el alegre anuncio del bien!» (Rm 10, 14-15).
La Iglesia necesita misioneros y el deseo de nuestra Beata fue precisamente la de dar a la Iglesia misioneros del Evangelio. Todo en perfecta sintonía con la conclusión de los Obispos latinoamericanos reunidos en la quinta Conferencia del CELAM en Aparecida, en Brasil (2007). Para los pastores de vuestro continente, los signos de los tiempos piden la promoción de una evangelización, que sea un retorno a Cristo, centro del Cristianismo. La Iglesia latinoamericana ha decidido ser iglesia misionera, animando a los fieles a vivir como auténticos «Discípulos y Misioneros de Cristo Jesús para que nuestros pueblos tengan vida en Él». Este nuevo impulso a la misión y a la evangelización, implica para todos, pastores y fieles, el compromiso de crecer en la fe para ser luz del mundo y sal de la tierra. A este respecto el Santo Padre Benedicto XVI (dieciséis) ha escrito: «He leído con especial interés las palabras que exhortan a dar prioridad a la Eucaristía y a la santificación del día del Señor [...], como también las que expresan el deseo de potenciar la formación de los fieles».[4]
Ante una agresiva cultura anticristiana y un vacío relativismo religioso, la Iglesia latinoamericana reafirma la novedad del Evangelio, que está bien enraizado en la historia de su pueblo. Más que en las estructuras, los obispos insisten en las personas, en el testimonio de «hombres y mujeres nuevos, que encarnen la tradición religiosa católica y la novedad del Evangelio, como discípulos y misioneros de su reino, protagonistas de vida nueva para América Latina».[5]
Los obispos exhortan a mirar el rostro de Cristo, para que, iluminados por la luz del Resucitado, los bautizados puedan contemplar el mundo y la historia de sus pueblos con ojos pascuales, reflejando el gozo de ser discípulos de Cristo Rey, camino, verdad y vida (Jn 16, 4). De hecho, es el Evangelio la buena noticia de la dignidad de cada persona humana, de la preciosidad de la vida, del bien incalculable de la familia, del respeto de la naturaleza, de la distribución justa de los bienes. Es hora, por tanto, de volver a la escuela de Cristo, para aprender de él la lección de una vida buena y feliz, también en esta tierra.
5. Y es un gran don de la divina Providencia la celebración de hoy, que presenta la glorificación de una Consagrada latinoamericana, que ha encarnado este proyecto misionero de los Obispos, mediante su vocación a la santidad y a la misión.
La nueva Beata nos invita a todos, y en primer lugar a sus Hijas espirituales, a volver a encender la llama de la misión, de la missio ad gentes, de la llamada a la conversión y al bautismo, que purifica el ser humano del pecado revistiéndolo de la gracia divina. Las Misioneras Clarisas del Smo. Sacramento deben ser las primeras en esta renovada obra de apostolado.
Pero esta expansión misionera debe brotar de un corazón imbuido del amor de Jesús, que nos dice: «Permaneced en mi amor. [...]  Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo les he amado [...]. Esto les mando: que se amen los unos a los otros» (Jn 15, 9-17). La misión es expresión de amor a Cristo y a la Iglesia.
La Madre María Inés fue una mujer enteramente concentrada en el amor misericordioso de Cristo eucarístico y en la obediencia a la Iglesia y a sus pastores. El magisterio de la Iglesia era la brújula que guiaba sus proyectos misioneros, bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe, estrella de la evangelización.
El heroismo de su fe si manifestaba en una esperanza que era confianza plena en la presencia providente de Dios. Su mirada se dirigía al cielo y su corazón estaba anclado en el corazón sacratísimo de Jesús, de quien provenía su energía y entusiasmo apostólico.
Su vida extraordinariamente virtuosa estuvo adornada por una sonrisa perenne. En sus apuntes encontramos este propósito: «Una sonrisa cuando se quiera manifestar molestia; sonreir siempre, incluso cuando esta sonrisa nos duela más. No me cuesta mucho esto, pues desde el inicio de mi vida espiritual, he trabajado mucho para conseguir este equilibrio de carácter».[6]
La beatificación de hoy es la fiesta de la santidad, pero también la fiesta de la alegría, porque los santos son la sonrisa de Dios en nuestra tierra.


[1] Homilía pronunciada el 21 de abril de 2012 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en Ciudad de México.
[2] Son palabras de saludo dirigidas al Papa, el 23 de marzo de 2012, por el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa.
[3] Informatio, p. 42.
[4] Doc. Apar., n. 251-252.
[5] Ib. n. 11.
[6] Informatio, p. 180.