JUZGAR
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La tentación es el preámbulo del pecado, pero en sí misma, no es pecado. Todos somos tentados, el mismo Señor Jesucristo fue tentado, de una manera distinta a la que nosotros somos tentados, pero Él mismo quiso experimentar la tentación, para mostrarnos que es posible vencerla con la Verdad, con la Palabra de Dios, con la Fe.
Debido a nuestra naturaleza, herida por el pecado, somos limitados, carecemos de muchas cosas y apetecemos muchas más de lo que necesitamos y que en ocasiones son inútiles para nosotros o incluso nos pueden hacer daño.
La fractura generada por el pecado nos impide vivir en relación equilibrada y justa con lo que nos rodea, con las demás personas, con nosotros mismos y con Dios. Así, desconociendo el sentido de nuestra vida, del qué y para qué son las cosas, de quiénes somos y Quién es Dios, fácilmente caemos en la tentación de buscar afanosamente el amor, la felicidad, la realización plena en aquello que “nos tienta” y “que nos llama la atención” más allá de la verdad y de la justicia. Él ser humano, al dejar de oír la voz de su conciencia o por no haberla formado rectamente, al sobrepasar los límites del bien común, es dominado por el parecer, el placer, el poder, el poseer.
Nuestra realidad es que somos limitados y propensos al pecado, necesitamos de Jesús Redentor. No reconocer esto, es en sí mismo una tentación. Nuestra vida, tiene sentido pleno no solo en nuestra realización terrena sino sobre todo en alcanzar la Vida Eterna. Para superar la tentación y alcanzar nuestro destino final, necesitamos ayuda, necesitamos de Dios. Él viene a nosotros, nos ha enviado a su Hijo, para rescatarnos y darnos la felicidad, en esta vida y en la Eternidad. Jesús por su vida y sacrificio redentor, nos ha mostrado cómo realizar nuestra existencia y nos ha abierto las puertas de la Vida Eterna. Él, con su pasión, muerte y resurrección, rompió la cadena del pecado que nos esclaviza y nos otorga su Gracia que nos permite superar cualquier tentación, viviendo en la Verdad, en la Justicia y en el Amor, que engendran la paz y propician el desarrollo integral de cada persona y de la humanidad entera. El Espíritu Santo ilumina nuestro entendimiento y fortalece nuestra voluntad para superar las tentaciones, teniendo los mismos intereses de Jesús, que son la Gloria del Padre, la realización del bien común y la salvación de todos los seres humanos.
La sociedad hedonista en la que vivimos, es fuente de infinidad de tentaciones: consumismo, vanidad, superficialidad, hipocresía, manipulación, autoritarismo, pérdida del sentido de la vida etc.
Podemos decir que en la actualidad, la tentación, ya no está solo en lo que a la persona se le podría ocurrir, sino también en “las apetencias y necesidades” que la publicidad coloca en las calles, trasmite en los medios de comunicación y lleva incluso al hogar, indistintamente de la edad, a través de la internet, la televisión, la radio, el periódico, las revistas, etc. En estos medios, las tentaciones en el terreno de la sexualidad son ampliamente promovidas: pornografía, autoerotismo, promiscuidad, relaciones fuera del matrimonio, infidelidad matrimonial, desorientación ante la propia identidad sexual, la búsqueda de “nuevas experiencias”, etc.
Hay quienes se dejan conducir por las tentaciones de la comida, el alcohol, las drogas, la vanidad, el hablar mal de otros, la pereza, la envidia, los celos, el carácter “enojón” o “conflictivo”. Otros más son tentados en el mentir, el robar e incluso para abortar o matar.
La baja autoestima, el no valorarse ni valorar a los demás, es también una tentación.
La tentación más grave es la de no creer en Dios, rechazar su plan de Amor, rechazar la redención realizada por Jesucristo, cerrarnos a la Gracia del Espíritu Santo, pensar y actuar, como sí Él no existiera.
Llevar una vida cristiana mediocre, tibia, estancada, pensando que sin la oración, sin los sacramentos y sin la Iglesia. Sin el estudio de la Sagrada Escritura o sin la actualización de la fe, se puede ser católico, es una tentación frecuente.
Grave tentación, conducida por la soberbia, es la de quienes viviendo mediocremente su catolicismo, se presenten como modelo de vida.
Las tentaciones se superan cuando tenemos en la mente y en el corazón los criterios de la Verdad y de la Justica, que nos llevan en todo a amar a Dios, a amarnos y respetarnos a nosotros mismos, a buscar el bien común y sobre todo, a procurar siempre la Gloria de Dios y el servirlo a Él en los demás.
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